sábado, 9 de agosto de 2008

Mensaje de Barack Obama: Nuestros niños, nuestro futuro

Manchester, NH | noviembre 20, 2007


He visitado muchas escuelas y hablado con muchos maestros y estudiantes a lo largo de mis dos décadas de servicio público, pero una visita que siempre recordaré es la que hice a la escuela primaria Dodge en Chicago hace pocos años.

Hablaba con una joven profesora y le pregunté qué consideraba ella era el reto más grande al que se enfrentaban sus estudiantes. Me dio una respuesta que nunca había escuchado antes. Hablaba de algo que ella llamaba “el síndrome de estos niños”; la tendencia a explicar las fallas y deficiencias de nuestro sistema educativo diciendo “estos niños no pueden aprender” o “estos niños no quieren aprender” o “estos niños simplemente están muy atrasados”; y después de un tiempo, “estos niños” se convierten el problema de alguien más.

Y esta maestro me miró y me dijo: “Cuando escucho ese término me saca de mis casillas. Ellos no son ‘estos niños’ Ellos son nuestros niños. Todos ellos”.

Tiene toda la razón. El pequeño niño de Manchester o de Nashua cuyos padres no pueden pagar una escuela preprimaria de calidad que sabemos le ayudaría a permanecer en la escuela, leer mejor y triunfar más adelante en la vida; él es nuestro niño.

La pequeña niña en la Carolina del Sur rural o el lado sur de Chicago cuya escuela está literalmente cayéndose alrededor de ella y que no puede pagar sus nuevos libros de texto y no puede atraer a nuevos maestros porque no puede pagársele un salario decente; ella es nuestra niña.

El adolescente en el suburbio de Boston que necesita más habilidades y una mejor educación para competir por los mismos trabajo que un adolescente en Bangalore o Beijing; él es nuestro niño.

Estos niños son nuestros niños. Su futuro es nuestro futuro. Y es tiempo que entendamos que su educación es nuestra responsabilidad. De todos nosotros.

Éste, es un momento determinante para nuestra generación. Las revoluciones en la comunicación y la tecnología han creado una economía global de alta tecnología con empleos de altos salarios que pueden ser ubicados en cualquier parte en donde exista una conexión a internet, una economía donde la habilidad más valiosa que se puede vender es el conocimiento.

La educación es ahora la moneda de cambio de la Era de la Información. No es más sólo un camino de oportunidad y éxito: es un pre-requisito. Simplemente no hay tantos trabajos hoy en día que puedan apoyar a una familia donde sólo se necesita un diploma de preparatoria. Y si no se tiene ese diploma, hay incluso menos trabajos disponibles que puedan mantenerte fuera de la pobreza.

En este tipo de economía, los países que sobre educan, nos sacarán de la competencia mañana. Ya ahora, China está graduando ocho veces más ingenieros que nosotros. Para el decimosegundo grado, nuestros niños registran calificaciones más bajas en los exámenes de matemáticas y ciencia que la mayoría de los niños en el mundo; y ahora tenemos una de las tasas de deserción escolar de secundaria más altas de cualquier nación industrializada en el mundo.

Pues bien, no acepto este futuro para América. No acepto una América donde no hacemos nada por seis millones de estudiantes que están leyendo por debajo de su nivel escolar; una América donde el sesenta por ciento de los afroamericanos de cuarto grado no están leyendo ni siquiera al nivel básico.

No acepto una América donde sólo el veinte por ciento de nuestros estudiantes está preparado para tomar clases en el nivel superior en inglés, matemáticas y ciencia; donde escasamente uno de diez estudiantes de bajos ingresos se graduará de licenciatura.

No acepto una América donde no hagamos nada con el hecho de que la mitad de todos los adolescentes no son capaces de entender fracciones básicas; donde cerca de nueve de cada diez afroamericanos y latinos del octavo grado no son eficientes en matemáticas. No acepto una América donde los niños de las escuelas primarias están obteniendo un promedio de 25 minutos de clase de ciencia cada día, cuando sabemos que más del 80 por ciento de los trabajos de mayor crecimiento requieren un conocimiento base de matemáticas y ciencia.

Este tipo de América es moralmente inaceptable para nuestros hijos. Es económicamente insostenible para nuestro futuro. No es lo que somos como país.

No somos una nación de “estos niños”. Somos la nación que siempre ha entendido que nuestro futuro está inextricablemente ligado a la educación de nuestros niños, de todos ellos. Somos el país que siempre ha creído en la declaración de Thomas Jefferson de que “… el talento y la virtud necesarias en una sociedad libre, debe ser educada sin importar la riqueza o el nacimiento”.

Es esta creencia la que guió a América en el establecimiento de las primeras escuelas públicas gratuitas en los pueblos de Nueva Inglaterra. Es una promesa que hemos mantenido conforme nos transformamos de una nación de granjas a una de fábricas y desde que creamos un sistema de secundarias públicas para que todos tuvieran la oportunidad de triunfar en una nueva economía. Es una promesa que expandimos después de la segunda guerra mundial cuando los Estados Unidos le dio a mi padre y a más de dos millones de héroes que regresaron, de ir a la universidad con el presupuesto del proyecto GI.

Y cuando América ha quedado corta en el cumplimiento de esta promesa, cuando forzamos a Linda Brown, por el color de su piel, a caminar millas hacia una dilapidada escuela de Topeka; eran estadunidenses comunes quienes caminaban hasta sangrar, quines tomaron las calles y lucharon en las cortes hasta la llegada de nueve pequeños a la escuela de Little Rock, quienes convirtieron en realidad la decisión de que en América, la segregación nunca puede ser equidad.

Eso es quienes somos. Es por eso que puedo estar hoy aquí. Porque alguien se levantó cuando eran tiempos difíciles, se levantó cuando era riesgoso; porque a pesar de que mi madre no tenía mucho dinero, las becas me dieron la oportunidad de ir a algunas de las mejores escuelas en el país. Y estoy luchando por ser presidente de los Estados Unidos porque quiero darle a cada niño estadunidense la oportunidad de ir a algunas de las mejores escuelas en el país. Y estoyluchando por ser el presidente de los Estados Unidos porque quiero darle a cada niño estadunidense las mismas oportunidades que yo tuve.

En esta elección, en este momento determinante, podemos decidir que este siglo sea otro siglo americano al establecer un compromiso histórico con la educación. Podemos hacer el compromiso que sea más que sólo la retórica de una campaña; un compromiso que es más que sólo otra promesa vacía hecha por un político que busca su voto.


Con frecuencia digo que el problema con No Child Left Behind es que George Bush dejó el dinero atrás y no fue sólo él tampoco. Es muy popular golpear a No Child Left Behind durante las travesías electorales, pero cuando se debatía en el Congreso hace cuatro años, mi colega Dick Durbin ofreció a todos la oportunidad de votar para que la ley no pudiese ser aplicada a menos que estuviese completamente financiada. Los senadores Edwards y Clinton dejaron pasar esta oportunidad y creo que fue un serio error, porque pienso que todos acordaríamos que los objetivos de esta ley eran los correctos.

Hacer la promesa de educar a cada niño con un maestro excelente es correcto. Cerrar la brecha del aprovechamiento que existe también en muchas ciudades y áreas rurales es correcto. Asegurarse que los recursos necesarios y los maestros calificados estén distribuidos equitativamente entre cada ciduad y pequeño pueblo es correcto. Más rendición de cuentas es correcto. Estándares más altos son correctos.

Pero les diré qué es lo que está mal con No Child Left Behind: Forzar a nuestros maestros, a nuestros directores y a nuestras escuelas a cumplir con todo sin los recursos que necesitan es incorrecto. Prometer maestros de alta calidad en cada salón de clase para después retirar el apoyo y el pago por esos maestros es incorrecto. Etiquetar a una escuela y sus estudiantes como fracasos un día y levantar las manos al cielo y alejarse de ellos es incorrecto.

Por cierto, que no nos digan que la única forma de enseñar a un niño es pasar la mayor parte del año preparándole para rellenar unos pequeños círculos en un examen estandarizado. Que no nos digan que los exámenes tienen que venir a costa de los gastos en música, arte, educación física o ciencia. Estos exámenes no debieran venir a costa de una educación integral; debieran ayudar a completar una educación integral. Los maestros que he conocido no dedicaron sus vidas a los exámenes; las dedicaron a la enseñanza, y enseñar a nuestros niños es lo que debiera permitírseles hacer.

El hecho es que No Child Left Behind ha hecho más por estigmatizar y desmoralizar a nuestros estudiantes y maestros en escuelas que se esfuerzan por salir adelante que por organizar el talento, la determinación y los recursos para cambiar por completo esta situación. Eso es lo que está mal con No Child Left Behind y esa la razón por la que debemos cambiar de manera fundamental.

Quiero liderar una nueva era de responsabilidad mutua en la educación, una era nos juntemos por el bien del éxito de nuestros hiños, una era donde cada uno de nosotros haga su parte para hacer este éxito una realidad: padres y maestros, líderes en Washington y ciudadanos a lo largo y ancho de América.

No pretenderé que esto sea fácil. Debemos corregir los fracasos de No Child Left Behind. Debemos proveer del financiamiento que nos fue prometido y darle a nuestros estados los recursos que necesitan y finalmente cumplir nuestro compromiso con la educación especial. Pero esto no es una política educativa, es sólo el punto de arranque.

Un verdaderamente histórico compromiso con la educación, un compromise verdadero, requerirá de nuevos recursos y nuevas reformas. Requerirá de una buena voluntad para liberarse de los mismos debates en los que Washington se ha involucrado por décadas: demócratas contra republicanos, vouchers (sic) contra el status quo; más dinero contra transparencia; y sobre todo, requerirá de un presidente que sea honesto acerca de los retos que enfrentamos, que no sólo le diga a todos lo que quieren escuchar, sino lo que necesitan escuchar.

Yo me estoy postulando para ser ese presidente. Y es por ello estoy proponiendo un exhaustivo plan para darte a cada niño americano la oportunidad de recibir la mejor educación que América tiene para ofrecer, desde el momento en que nacen hasta el día de su graduación de licenciatura. Como presidente, ponder todos los recursos del gobierno federal detrás de este plan. Pero para hacerlo realidad, también pediré más de los maestros y dictores, de los padres y los estudiantes, de las escuelas y comunidades.

Hace unas semanas, presenté mi plan para hacer que la educación superior sea asequible con la creación de un crédito reembolsable de 4 mil dólares por año que cubrirá las dos terceras partes de la matrícula en los colegios o universidades públicas promedio; y ayer, descubrí mi propuesta para fortalecer a nuestros colegios comunitarios con el ofrecimiento de nuevos grados en campos emergentes y la premiación de escuelas que gradúen a más estudiantes.

Hoy, quiero hablar acerca de lo que podemos hacer para preparar a cada estudiante para que triunfe en el colegio; preparación que comienza al nacer y continúa con escuelas de clase mundial, maestros sobresalientes y directores transformadores.

La primer parte de mi plan se enfoca en proveer una educación inicial para la niñez americana de calidad y asequible.

Sabemos la diferencia que los programas iniciales marcan en la vida de nuestros niños. Estudio tras estudio prueban que los niños en estos programas, especialmente los niños de bajos ingresos, son más proclives a obtener mejores notas en lectura y matemáticas, son más proclives a graduarse de preparatoria y asistir a la universidad, son más proclives a mantener un trabajo y son más proclives a ganar más en ese trabajo. Por cada dólar que invertimos en estos programas, obtenemos 10 dólares en asistencia social, menores costos en atención de la salud y menos crimen.

En años recientes, los estados han podido enlistar a cerca de un millón de niños de 4 años en programas de kindergarten. Ése es un gran éxito, pero creo que podemos hacerlo mejor. Necesitamos enrolar a más niños y necesitamos empezar a una edad aún más temprana, porque el hecho es que los estudios muestran que desde el tiempo de la concepción al primer día de kindergarten, el desarrollo de los niños progresa más rápido que en cualquier otra etapa de la vida. Para la edad de tres años, la estructura cerebral ya se ha formado en un 85 por ciento. 85 por ciento.

Así que esto es lo que hicimos en Illinois. Como senador estatal ayudé a crear el Consejo de Aprendizaje Temprano de Illinois, el cual lanzó un programa llamado Preescolar para todos. Esto nos convirtió en uno de los primeros estados en comprometerse con un programa aprendizaje temprano de alta calidad que inicia ayudando a los niños a partir del día en que nacen. Provee de cuidado y educación inicial para las nuevas familias así como a bebés e infantes pequeños en situación de riesgo y ofrece a los niños en situación de riesgo de tres y cuatro años la oportunidad de enrolarse en programas de kindergarten.

No existe una razón por la cual no podamos o no debamos replicar esto en todo América. Como presidente, lanzaré una Agenda de Prioridad de los Niños que provea cuidado, aprendizaje y apoyo a familias con niños de los cero a lo cinco años, crearemos subsidios de aprendizaje temprano para ayudar a los estados a crear un sistema de alta calidad para la educación y el cuidado inicial para todos los niños pequeños y sus familias. Crearé un Consejo Presidencial de Aprendizaje Temprano para coordinar este esfuerzo a lo largo de todos los niveles de gobierno y con ello asegurar que estamos proveyendo a estos niños y familias con programas de la más alta calidad, y ayudaremos a más padres que trabajan a encontrar un lugar seguro y asequible para dejar a sus niños durante el día al mejorar la calidad de la educación de nuestros programas de cuidado de los niños e incrementando el crédito fiscal. Es así como daremos a nuestros niños el mejor inicio de sus vidas posible y ése es el compromiso que América hará cuando yo sea presidente.

La segunda parte de mi plan de educación es reclutar, apoyar y recompensar a los maestros y directores para asegurar que cada escuela en el país esté llena de educadores sobresalientes.

Sabemos que desde el momento en que nuestros niños pisan un salón de clase, el factor más importante para determinar su aprovechamiento no es el color de su piel o de dónde vienen, no es quiénes son sus padres o cuánto dinero tienen.

Es quién es su maestro. Es el hombre o la mujer que se queda después del toque del timbre y gasta su propio dinero en libros y materiales. Es gente como mi hermana quienes van más allá del llamado del deber porque creen que eso es lo que marca el extra y la diferencia. Y es así.

Pues bien, si sabemos cuán importante es la enseñanza, es tiempo de que América empiece a actuar en ese sentido. Es tiempo de que tratemos a la enseñanza como la profesión que es. No quiero hablar sólo de lo maravillosos que son los maestros, quiero ser un presidente que les recompense su excelencia.

Ello empieza reclutando a una nueva generación de maestros y directores para reemplazar a la generación que se está retirando y mantener el número record de alumnos que entran a nuestras escuelas. Crearemos un Nuevo programa de becas de servicio para reclutar el major talento dentro de la profesión e inciar por colocar a estos nuevos maestros en áreas como los distritos sobrepoblados de Nevada o en pueblos rurales que luchan por salir adelante aquí en New Hampshire, o en áreas difíciles como matemáticas y ciencia en escuelas a lo largo de toda la nación. Y haré esta promesa como presidente: si comprometen su vida a la enseñanza, América se comprometerá a pagar su educación superior.

Preparar a nuestros nuevos maestros requerirá que todas las escuelas de educación estén acreditadas y evaluaremos sus resultados para saber cuáles están hacienda el mejor trabajo preparando a los mejores maestros.

Crearemos también un asesoramiento del desempeño nacional voluntario que mire efectivamente cómo los posibles maestros pueden planear, enseñar y apoyar el aprendizaje de los estudiantes, para que podamos estar seguros de que cada nuevo educador está entrenado y listo para entrar al salón y empezar a enseñar efectivamente.

New Hampshire está ya liderando el camino aquí al haber diseñado un sistema de preparación del educador basado en el desempeño y el asesoramiento nacional que propongo, ayudaría a estados como éste a alcanzar sus objetivos en la preparación de última generación de todos los maestros.

Para apoyar a nuestros maestros, expandiremos los programas de tutoría que empatan a maestros experimentados y exitosos con nuevos reclutas. Sabemos que la tutoría es una de las formas más efectivas para retener al tercio de nuevos maestros que dejan la profesión en los primeros cinco años. En estados que han intentado esto, como California, sólo cinco por ciento de los nuevos maestros lo han dejado. Copresidente, expandiré estos programas de tutorías a lo ancho de la nación para dar a todos nuestros maestros la oportunidad de triunfar. Y me aseguraré también de que los maestros tengan las condiciones en las cuales triunfar, incluyendo directores excelentes que apoyen su trabajo, los materiales que necesitan para enseñar eficientemente y el tiempo para planear y colaborar unos con otros en el mejoramiento de la instrucción.

Y donde ellos triunfen, donde nuestros maestros y directores vayan más allá del llamado para hacer marcar diferencias verdaderas en la vida de nuestros niños, creo que será tiempo de que les recompensemos por ello.

Ciudades como Denver ya han probado que trabajando con maestros, esto puede funcionar. Podemos encontrar nuevas formas para incrementar el pago que se ha desarrollado con maestros y no imponerlo en ellos y no basados en el puntaje arbitrario de un examen.

Mi plan proveería recursos para probar estos programas innovadores en distritos escolares en todo el país. Bajo mi iniciativa de escalera (escalafón) de carrera, estos distritos estarían en posibilidad de diseñar programas que recompensen a los educadores más brillantes que sirvan como mentores de los nuevos maestros con el aumento salarial que se merecen. Se puede recompensar a aquéllos que enseñen en lugares con baja demanda como el área rural de New Hampshire y a lo largo de las áreas urbanas del país, y si los maestros requieren conocimiento o habilidades extra para servir mejor a sus estudiantes, si constantemente se destacan en el aula, ese trabajo puede ser evaluado y recompensado también.

Ahora, si hacemos todo esto y encontramos que hay maestros que aún batallan y trabajan por debajo de su capacidad, debemos proveerlos con ayuda y apoyo. Y si aún así están trabajando por debajo de lo deseado, debemos encontrar una forma rápida y justa de poner a otro maestro en ese salón de clases. Las asociaciones de profesores y los consejos escolares en numerosas ciudades han mostrado el camino al desarrollar la asistencia entre pares y la revisión de planes que hacen exactamente esto: establecer estándares profesionales que ponen a los niños primero. Le debemos a nuestros maestros eso, le debemos a nuestros niños eso.

Y mientras estamos en ello, ayudemos finalmente a nuestros maestros y directores a desarrollar asesorías que enseñen a nuestros niños a ser más que solo buenos contestadores de exámenes. Es por eso que la tercer parte de mi plan es trabajar con los gobernadores de la nación y los educadores para crear y usar asesorías que puedan mejorar el aprovechamiento en toda América al incluir el tipo de investigación, científica y resolución de problemas que nuestros niños necesitan para competir en una economía del conocimiento del siglo 21.


New Hampshire ha sido un líder en esto. Ustedes han desarrollado asesorías innovadoras que incluyen portafolios digitales para desarrollar y demostrar la eficiencia estudiantil en tecnología, ciencia y otras áreas centrales de los contenidos y no hay razón por la que no podamos empezar a replicar esto en todo el país.

El objetivo de los exámenes en la educación debiera ser el mismo que el de las pruebas en medicina: diagnosticar las necesidades de los estudiantes para poder ayudar a dirigirse a ellas. Los exámenes no debieran estar diseñados como castigo para los maestros y los estudiantes, debieran ser usados como herramientas para ayudar a nuestros niños a crecer y competir. Los exámenes debieran apoyar el aprendizaje, no solo a dar cuenta de él. Porque si realmente queremos que nuestros niños se conviertan en los grandes inventores y solucionadotes de problemas de mañana, nuestras escuelas no debieran sofocar la innovación, debieran dejarla prosperar.

Una de las áreas donde esto es especialmente importante es la ciencia. El intenso énfasis de No Child Left Behind en la enseñanza bajo la guía del examen, ha demostrado reducir la cantidad de tiempo que se dispone para enseñar y asesorar en ciencia; un área que es crítica en nuestra competitividad como nación. Cuando sea presidente, haremos de la instrucción en ciencia una prioridad nacional y desarrollaremos asesorías que no sólo examinen pedacitos aislados de información sino habilidades avanzadas como la lógica, el análisis de datos y la interpretación. New Hampshire ha empezado ya a hacer esto y no hay razón por la que el resto del país no pueda hacerlo igual.

Finalmente, conforme ustedes y yo estamos aquí, sabemos que hay una generación de niños que están creciendo en las malvadas calles y olvidados en las esquinas de este país y quienes se nos escapan mientras hablamos. Ellos caminan en los corredoras de la vergüenza en la Carolina del Sur rural y se sientan en salones de clase abatidos en algún lugar del este de Los Ángeles. Son abrumadoramente negros y latinos y pobres. Y cuando voltean y ven que no hay nadie que haya levantado un dedo para arreglar su salón desde el siglo 19, cuando son empujados fuera al sonido de la última campana –algunos en una zona de guerra virtual-, ¿es acaso una sorpresa que no piensen que su educación es importante? ¿Es acaso una sorpresa que estén dejando la escuela a ritmos que nunca antes habíamos visto?

Conozco a estos niños. Sé de su sentido de desesperanza. Comencé mi carrera hace más de dos décadas como organizador comunitario en las calles del lado sur de Chicago. Trabajé con los padres y maestros y líderes locales para luchar por su futuro. Establecimos programas extraescolares e incluso protestamos fuera de las oficinas gubernamentales para que aquéllos que habían dejado la escuela, pudiesen entrar en escuelas alternativas. Y con el tiempo, cambiamos futuros.

Y así, si bien conozco la desesperanza, también conozco la esperanza. Sé que si traemos programas de educación inicial a estas comunidades, si dejamos de esperar hasta la preparatoria para dedicarnos al ritmo de deserción escolar y comenzamos en los niveles iniciales, si traemos nuevos y calificados maestros, si expandimos los programas de alcance al nivel superior como Gear Up u Trio y luchamos por expandir las oportunidades de aprendizaje durante el verano como lo he hecho en el senado; si hacemos todo esto, podemos hacer una diferencia en las vidas de nuestros niños y en la vida de este país; no sólo en el este de Los Ángeles, o el lado sur de Chicago, sino aquí en Manchester, en los suburbios de Boston, en el Mississippi rural. Sé que podemos. Y trabajaré todos los días para hacerlo de nuevo como su presidente.


Pero no puedo hacerlo solo. El gobiero no puede hacerlo solo. Podemos gastar miles de millones tras miles de millones en educación en este país. Podemos desarrollar un programa para cada problema imaginable y podemos financiar esos programas con cada céntimo que tengamos.

Pero no existe un programa ni una política que pueda sustituir a un padre que está involucrado en la educación de su hijo desde el día uno. No hay sustituto al padre que asistirá a las onferencias padres/maestros y se asegurará que sus hijos estén en la escuela a tiempo, y les ayudará con su tarea después de la cena. Y no tengo duda que aún estaremos hablando acerca de estos problemas en el próximo siglo si no tenemos padres que estén dispuestos a apagar ll televisión de vez en cuando y poner a un lado los videojuegos para leer a sus hijos. La responsabilidad por la educación de nuestros hijos, tiene que empezar en el hogar. Debemos establecer altos estándares para ellos y pasar tiempo con ellos y amarlos. Tenemos que mantenernos responsables.

Saben, hace unos años a una pequeña niña en la escuela primaria Earhart en Chicago le preguntaban sobre su éxito académico. Ella dijo: “Estudio muy duro todas las noches porque quiero aprender. Mi maestro quiere que sea una buena estudiante y también mi mama. No quiero decepcionarlos”.

El reto que enfrentamos en este momento es grande, pero hemos enfrentado grandes retos antes. En el curso de dos siglos, hemos peleado y luchado y vencido para expandir la promesa de una buena educación más lejos aún: una promesa que ha permitido a millones trascender las barreras de la raza y la clase social y los orígenes para alcanzar el potencial que Dios les ha dado.


Ahora éste es el momento para mantener viva esa promesa –la promesa de América- en el siglo 21. Es el turno de nuestra generación de levantarse y decirle a la niñita en Chicago o al pequeño niño en Manchester o a los millones como ellos en todo el país que no son “estos niños”: Ellos son nuestros niños. No quieren que los decepcionemos y nosotros no podemos decepcionarlos tampoco. Eso es por lo que estaré luchando en esta elección y es lo que haré como presidente de los Estados Unidos. Espero que se sumen en este viaje. Gracias.


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