Lunes 13 de octubre de 2008. Toledo, Ohio
Nos reunimos en un momento de gran incertidumbre para América. La crisis económica que enfrentamos es la peor desde la Gran Depresión. Los mercados en todo el mundo se han vuelto crecientemente inestables y millones de americanos abrirán sus fondos de retiro esta semana y verán que gran parte de sus bien ganados ahorros han desaparecido.
La crisis del crédito ha dejado a pequeños y grandes negocios sin posibilidades de obtener préstamos, lo que significa que no pueden comprar nuevo equipo, contratar nuevos empleados o incluso pagar los salarios para los trabajadores que ya tienen. Ustedes aquí en Ohio tienen plantas automotrices que han estado por décadas cerrando ahora sus puertas y despidiendo trabajadores que nunca han conocido otro trabajo en toda su vida.
760 mil trabajadores han perdido sus empleos este año. El desempleo aquí en Ohio es un 85 por ciento más alto que en los últimos ocho años, su punto más alto en 16 años. Han perdido uno de cada cuatro empleos de manufactura; la típica familia de Ohio ha visto caer su ingreso en 2 mil 500 dólares y se vuelve más y más difícil pagar las hipotecas o llenar el tanque de gasolina o incluso pagar la electricidad al final del mes. A este ritmo, la pregunta no es sólo si estaban mejor que hace cuatro años, la pregunta es si estaban mejor que hace cuatro semanas.
Sé que estos son tiempos difíciles. Conozco gente que está preocupada. Pero también sé esto: podemos evitar esta crisis porque somos los Estados Unidos de América. Somos el país que ha superado la guerra y la depresión; grandes retos y grandes amenazas. Y en cada momento nos hemos levantado para enfrentar estos retos no como demócratas, no como republicando, sino como americanos.
Aún tenemos a los trabajadores más talentosos y más productivos de cualquier país en la tierra. Somos aún hogar de la innovación y la tecnología; colegios y universidades que son la envidia del mundo. Algunas de las más grandes ideas en la historia vienen de nuestros pequeños negocios y nuestras instalaciones de investigación. No será fácil, pero no hay razón por la que no podamos hacer de este siglo, otro siglo americano.
Pero éste tomará una nueva dirección. Requerirá un nuevo liderazgo en Washington. Requerirá un cambio verdadero en las políticas y los políticos de los últimos ocho años. Y es por eso que estoy buscando la presidencia de los Estados Unidos.
Mi oponente ha hecho su elección. La semana pasada el senador McCain anunció que daría vuelta a la página sobre la discusión de nuestra economía para pasar las semanas finales de esta elección atacándome. Su campaña de hecho dijo y cito: “si seguimos hablando de la economía, vamos a perder”. Bien, el senador McCain puede estar preocupado de perder una elección, pero yo estoy preocupado por los americanos que están perdiendo sus trabajo, sus hogares y sus ahorros. Ellos no se pueden permitir cuatro años más de una teoría económica que dice que debemos dar más y más a millonarios y multimillonarios y esperar que la prosperidad se esparza hacia el resto. Hemos visto a dónde nos ha llevado esto y no retrocederemos. Es tiempo de dar vuelta a la página.
En el curso de esta campaña, he trazado un conjunto de políticas que crecerán a nuestra clase media y fortalecerá a nuestra economía en el largo plazo. Reformaré nuestro código fiscal para que el 95 por ciento de los trabajadores y sus familias tengan un recorte hacendario y eliminaré los impuestos al ingreso para adultos mayores que obtengan menos de 50 mil dólares. Bajaré el costo del cuidado a la salud para las familias y los negocios al invertir en cuidado preventivo, nueva tecnología y dar a cada americano la oportunidad de obtener el mismo tipo de seguro de salud que los miembros del Congreso se dan a sí mismos. Aseguraremos que cada niño pueda competir en la economía global al reclutar un ejército de nuevos maestros y hacer la universidad accesible para quienquiera que desde asistir a ella. Crearemos cinco millones de nuevos trabajos altamente pagados al invertir en nuevas fuentes de energía renovable que eliminarán el petróleo que actualmente importamos de Medio Oriente en diez años y crearemos dos millones de trabajos reconstruyendo nuestros caminos dañados, escuelas y puentes.
Pero esa es una estrategia de crecimiento a largo plazo. Ahora mismo, nos enfrentamos a una emergencia económica con la que ahora estamos luchando. No podemos esperar para ayudar a las familias y las comunidades que en este momento están batallando, quienes no saben si su trabajo o su retiro estará ahí mañana, quienes no saben si el salario de la próxima semana cubrirá las cuentas de este mes. Necesitamos aprobar un plan de rescate económico para la clase media y necesitamos hacerlo ahora. Hoy estoy proponiendo un número de pasos que debemos tomar inmediatamente para estabilizar nuestro sistema financiero, proveer de alivio a las familias y comunidades y ayudar a los propietarios de viviendas que están batallando. Este plan comienza con una palabra que está en la mente de todos y se deletrea E-M-P-L-E-O.
Ya hemos perdido tres cuartas partes de un millón de trabajos este año y algunos expertos dicen que el desempleo se incrementará en ocho por ciento para fines del próximo año. No podemos esperar hasta entonces para empezar a crear nuevos empleos. Es por eso que estoy proponiendo darle a nuestros negocios un nuevo crédito a los impuestos para los trabajos americanos por cada nuevo empleado que contraten aquí en los Estados Unidos en los próximos dos años.
Para impulsar el verdadero motor de la creación de empleos en este país, he propuesto eliminar todos los impuestos de ganancias de capital en los pequeños negocios y compañías que inician y he propuesto un incentivo fiscal adicional a lo largo del próximo año para animar a nuevos pequeños negocios a invertir. Es tiempo de proteger los trabajos que tenemos y crear los trabajos de mañana al destrabar el dinamismo, la ingenuidad y la innovación de los americanos. Y debemos darle vía rápida a los préstamos en garantía que pasamos para nuestra industria automotriz y preveer más conforme se necesite para que ellos pueda construir los autos de energía eficiente que este país necesita para terminar con nuestra dependencia ál petróleo extranjero.
También rescataremos un millón de trabajo al crear un Fondo de Empleo y Crecimiento que proveerá de dinero a estados y comunidades locales para que puedan avanzar con proyectos para reconstruir y repara nuestros caminos, nuestros puentes y nuestras escuelas. Muchos de estos proyectos y estos empleos están en riesgo ahora mismo por falta de recursos, pero este fondo asegurará que continúen.
La segunda parte de mi plan de rescate es proveer alivio inmediato a las familias que están viendo reducirse sus salarios, sus trabajos y desaparecer sus ahorros de toda una vida. Ya he propuesto un recorte fiscal para la clase media por 95 por ciento de los trabajadores y sus familias pero hoy llamo al Congreso a aprobar un plan para que el IRS envíe esos recortes lo más pronto posible. Debemos también extender y expandir los beneficios de desempleo a aquellos americanos que han perdido sus trabajaos y están teniendo un momento difícil encontrando uno nuevo en esta débil economía. Y debemos dejar de hacerles pagar impuestos en aquellos beneficios de seguro de desempleo.
En un momento cuando las altas y bajas del Mercado de valores han sido con escasa frecuencia tan impredecibles y dramáticos, necesitamos también dar a las familias y retirados más flexibilidad y seguridad cuando se trata de sus ahorros para el retiro.
Doy la bienvenida a la propuesta del senador McCain de renunciar a las que actualmente forzan a nuestros adultos mayores a retirar de sus fondos de retiro incluso cuando el mercado es malo. Creo que es una buena idea pero pienso que necesitamos más que eso. Ya que muchos americanos batallarán para pagar sus cuentas en el transcurso del próximo año, propongo que permitamos a cada familia retirar hasta un 15 por ciento de sus IRA o fondos de retiro por un máximo de 10 mil dólares sin ninguna multa o penalidad hasta el 2009. Esto ayudará a que las familias sorteen esta crisis sin verse forzadas a tomar dolorosas decisiones como vender sus hogares o no enviar a sus hijos a la universidad.
La tercera parte de mi plan de rescate es proveer alivio a los propietarios de viviendas que están viendo declinar el valor de sus hogares mientras los impuestos a la propiedad se incrementan. A inicios de este año impulsé una legislación que ayudaría a estos propietarios quedarse en sus hogares al trabajar para modificar sus hipotecas. Cuando el secretario Paulson propuso su plan de rescate inicial no incluía nada para los propietarios de viviendas. Cuando el senador McCain mantuvo silencio en este tópico, insistí que incluyera la protección para los propietarios. Ahora el Tesoro debe usar la autoridad que se le ha otorgado y moverse agresivamente para ayudar a la gente a evitar la ejecución hipotecaria y permanecer en sus hogares. No necesitamos una nueva ley o un nuevo regalo de 300 miles de millones de dólares a los bancos como el senador McCain ha propuesto; sólo necesitamos actuar rápido y decisivamente.
(…)
El Congreso debe aprobar este plan de rescate de emergencia lo más pronto posible. Si Washington puede moverse rápidamente para aprobar un plan de rescate para nuestro sistema financiero, no hay razón por la que no podamos movernos igual de rápido para aprobar un plan de rescate para nuestra clase media que creará empleos, proveerá alivio y ayudará a los propietarios de vivienda. Si el Congreso no actúa en los próximos meses, será lo primero que haga como presidente de los Estados Unidos. Porque ya no podemos esperar más para empezar a crear nuevos trabajos, ayudar a las comunidades y propietarios que están batallando y proveer alivio real e inmediato a las familias que se preocupan no sólo por las cuentas a pagar este mes, sino por sus ahorros de toda la vida. Este plan ayudará a reducir esas ansiedades y junto con otras políticas económicas que he propuesto, comenzará a crear nuevos empleos, a incrementar los ingresos familiares y a ponernos de vuelta en la senda de la prosperidad.
No pretenderé que esto sea fácil o que venga sin ningún costo. Tendremos que establecer prioridades como nunca y apegarnos a ellas. Eso significa perseguir inversiones en áreas como la energía, la educación y el cuidado de la salud que soporten directamente nuestro futuro económico mientras aplazamos otras cosas de las que podemos prescindir. Significa registrar detenidamente el presupuesto federal, línea por línea, finalizando programas que no necesitamos y haciendo que los que sí necesitamos trabajen más eficientemente y cuesten menos.
También significa promover una nueva ética de responsabilidad. Parte de la razón por la que ocurrió esta crisis, es que todos estaban viviendo más allá de sus medios—desde Wall Street hasta incluso algunos de Main Street. Los directivos se volvieron avariciosos. Los políticos gastaron dinero que no tenían. Los prestamistas engañaron a la gente para que comprara casas que no podían permitirse y algunos sabían que no podían pagar y aún así las compraron.
Hemos vivido a través de una era de dinero fácil en la cual se nos permitía e incluso animaba a gastar más allá de nuestros límites; a pedir prestado en lugar de ahorrar.
Ahora, sé que en una época de sueldos en declive y costos subiendo rápidamente para mucho esto no fue una opción sino una necesidad. La gente se ha visto forzada a recurrir a las tarjetas de crédito y los préstamos hipotecarios para mantenerse, de la misma forma que nuestro gobierno ha tomado prestado de China y otros acreedores para ayudarse a pagar sus cuentas.
Pero sé cuan peligroso puede ser esto. Una vez que pasemos la presente emergencia, que requerirá nuevas e inmediatas inversiones, tenemos que romper el círculo de la deuda. Nuestro futuro de largo término requiere que hagamos lo que sea necesario para disminuir nuestros déficits, crecer los sueldos y animar los ahorros personales de nuevo.
Es un serio reto. Pero podemos hacerlo si actuamos ahora y si actuamos como una nación. Podemos traer una nueva era de responsabilidad y rendición de cuentas a Wall Street y Washington. Podemos hacer regulaciones de sentido común para prevenir que una crisis como esta suceda de nuevo. Podemos invertir en la tecnología y la innovación que restaurará la prosperidad y nos llevará a nuevos trabajos y a una nueva economía para el siglo 21. podemos restaurar un sentido de justicia y equilibrio que dará a cada americano una buena posibilidad de alcanzar el sueño americano. Y sobre todo, podemos restaurar la confianza –confianza en América, confianza en nuestra economía y confianza en nosotros mismos.
Este país y el sueño que representa están siendo puestos a prueba de una forma que no habíamos visto en casi un siglo. Y las futuras generaciones nos juzgarán por cómo respondemos a esta prueba. ¿Dirán que éste fue un tiempo en que América perdió su rumbo y su propósito? ¿Cuándo permitimos que nuestras pequeñas diferencias y políticas rotas hundieran a este país en una recesión oscura y dolorosa?
¿O dirán que este fue otro de esos momentos en que América venció? ¿Cuando luchamos con la adversidad al reconocer esa apuesta común en el éxito de cada uno?
Éste es uno de esos momentos. Me doy cuenta que son cínicos y están hartos de la política. Entiendo que están decepcionados y molestos con sus líderes. Tienen todo el derecho a estarlo. Pero a pesar de todo esto, les pido lo que se ha pedido a los americanos en tiempos de prueba y confusión a lo largo de nuestra historia. Les pido que crean – que crean en ustedes mismos, en el otro y en el futuro que podemos construir juntos.
Juntos, no podemos fallar. No ahora. No cuando tenemos una crisis que resolver y una economía que salvar. No cuando hay tantos americanos sin trabajo y sin hogar. No cuando hay familias que no pueden pagar un médico o enviar a sus hijos a estudiar o pagar sus cuentas a fin de mes. No cuando hay una generación que cuenta con nosotros para darles las mismas oportunidades y las mismas opciones que tuvimos para nosotros mismos.
Podemos hacerlo. Los americanos lo hemos hecho antes. Algunos de nosotros tiene abuelos o padres que dijeron: quizás yo no iré a la universidad pero mi hijo podrá. Quizás yo tenga que rentar, pero es posible que mis hijos tendrán un hogar que puedan llamar propio. Quizás no tenga mucho dinero, pero quizás mi hijo sea senador. Quizás viva en un pequeño pueblo, pero quizás un día mi hijo pueda ser presidente de los Estados Unidos de América.
Ahora recae en nosotros. Juntos, no podemos fallar. Juntos podemos superar las políticas rotas y a los políticos divididos de los últimos ocho años. Juntos podemos renovar una economía que recompense el trabajo y reconstruya a la clase media. Juntos podemos crear millones de nuevos trabajos y cumplir con la promesa de salud accesible y educación que ayude a sus hijos a competir. Podemos hacer esto si nos unimos, si tenemos confianza en nosotros mismos y en los demás, si miramos más allá de la oscuridad del día a la luz brillante de la esperanza que yace al frente . juntos, podemos cambiar a este país y cambiar este mundo.
Gracias, Dios los bendiga y Dios bendiga a América.
sábado, 14 de febrero de 2009
miércoles, 21 de enero de 2009
Discurso de Dianne Feinstein
Inauguration Day.
Damas y caballeros:
Bienvenidos a la inauguración del 44 presidente de los Estados Unidos de América.
El mundo está mirando este día mientras nuestra democracia se ocupa de esta pacífica transición de poder. Aquí, en el paseo nacional, donde recordamos a los fundadores de nuestra nación y a aquéllos que lucharon para hacerla libre, nos reunimos para biselar otra línea en la sólida piedra de la historia.
La libertad (freedom) de la gente de escoger a sus líderes es la raíz de la libertad (liberty). En un mundo donde el conflicto político es con demasiado frecuencia decidido con violencia, venimos aquí cada cuatro años para conferir el poder de la presidencia sobre nuestro líder electo democráticamente.
Aquéllos que dudan de la supremacía del voto sobre la bala nunca podrán reducir el poder engendrado por las luchas no violentas por la justicia y la equidad, como la que hizo a este día posible.
Ningún triunfo mancillado por la brutalidad podrá nunca igualar la dulce victoria de esta hora y lo que ello significa para aquéllos que marcharon y murieron para hacerla realidad.
Nuestro trabajo aún no está terminado. Pero las futuras generaciones marcarán esta mañana como el momento decisivo para el cambio real y necesario en nuestra nación.
Mirarán al pasado y recordarán que éste fue el momento cuando el sueño que una vez hizo eco a través de la Historia desde los escalones del Lincoln Memorial, finalmente alcanzó las paredes de la Casa Blanca.
En ese espíritu, hoy no sólo inauguramos una nueva administración: nos comprometemos con la esperanza, la visión, la unidad y la renovada llamada a la grandeza inspirada por el 44 presidente de los Estados Unidos: Barack Obama. Gracias y que Dios bendiga a América.
Damas y caballeros:
Bienvenidos a la inauguración del 44 presidente de los Estados Unidos de América.
El mundo está mirando este día mientras nuestra democracia se ocupa de esta pacífica transición de poder. Aquí, en el paseo nacional, donde recordamos a los fundadores de nuestra nación y a aquéllos que lucharon para hacerla libre, nos reunimos para biselar otra línea en la sólida piedra de la historia.
La libertad (freedom) de la gente de escoger a sus líderes es la raíz de la libertad (liberty). En un mundo donde el conflicto político es con demasiado frecuencia decidido con violencia, venimos aquí cada cuatro años para conferir el poder de la presidencia sobre nuestro líder electo democráticamente.
Aquéllos que dudan de la supremacía del voto sobre la bala nunca podrán reducir el poder engendrado por las luchas no violentas por la justicia y la equidad, como la que hizo a este día posible.
Ningún triunfo mancillado por la brutalidad podrá nunca igualar la dulce victoria de esta hora y lo que ello significa para aquéllos que marcharon y murieron para hacerla realidad.
Nuestro trabajo aún no está terminado. Pero las futuras generaciones marcarán esta mañana como el momento decisivo para el cambio real y necesario en nuestra nación.
Mirarán al pasado y recordarán que éste fue el momento cuando el sueño que una vez hizo eco a través de la Historia desde los escalones del Lincoln Memorial, finalmente alcanzó las paredes de la Casa Blanca.
En ese espíritu, hoy no sólo inauguramos una nueva administración: nos comprometemos con la esperanza, la visión, la unidad y la renovada llamada a la grandeza inspirada por el 44 presidente de los Estados Unidos: Barack Obama. Gracias y que Dios bendiga a América.
miércoles, 14 de enero de 2009
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